La Merced: conservado a través de la colectividad

El Patronato tiene a su cargo el recinto, el cual les fue otorgado por el gobierno. Jofiel Domínguez / CP
El Patronato tiene a su cargo el recinto, el cual les fue otorgado por el gobierno. Jofiel Domínguez / CP

La conservación del Exconvento de La Merced, que alberga el Museo del Ámbar, se ha logrado a través de una participación ciudadana y activa que inició desde 1997, poco después de que el recinto dejó de ser la cárcel y el juzgado de San Cristóbal, así lo cuenta Bibiano Luna Castro, parte del grupo Fraternidad Sancristobalense.

En el marco de la toma de protesta del grupo, el también dentista narró que el Patronato pro-reconstrucción ha procurado al recinto después de que el gobierno se los otorgó bajo un contrato de comodato.

Recuerda que al momento de recibirlo no sabían el “compromiso que se iban a echar encima”, pues la reconstrucción fue cotizada en 10 millones de pesos. Pese al reto, y sin recibir recurso por parte del gobierno, los ciudadanos han logrado cuidar el recinto: “Cada día hay, por lo menos, un ladrillito nuevo”.

Historia

En su conferencia, Bibiano Luna detalló que la historia del edificio puede remontarse a 1537, cuando el obispo Francisco de Marroquí trajo a cuatro miembros de la Orden de la Merced para que le auxiliaran en su diócesis y se dedicaran a la edificación de un convento. El 10 de noviembre de 1539 se le otorgó, por acta de cabildo, la licencia para la construcción de la iglesia.

Sin embargo, en 1856, por el decreto bajo el cual se despoja a la iglesia de sus fincas rústicas y urbanas, los mercenarios se desterraron y se fueron a Guatemala, por lo que el Convento quedó en total abandono, detalló Luna.

Siglo XX

Fue a partir de la segunda mitad del siglo XIX que el edificio se utilizó como cuartel en repetidas ocasiones, y a inicios del siglo XX se construyó la nueva fachada. En 1940 y 1950 el recinto volvió a quedar abandonado hasta que en la década de los 60 se hace una moderna construcción para volverlo cárcel y juzgado.

Así funcionó durante los siguientes 30 años, en los que Luna recuerda como cada 24 de septiembre se acostumbraba a liberar a un preso después de pagar la fianza. El mismo tenía una “madrina” con la que pasaba a comulgar, después de lo cual la familia Román, de la zona, daba una comida para los presos.

Proyecto autosustentable

Durante la reconstrucción, el Patronato ha enfrentado vicisitudes, como lo fue conseguir la viguería para los entrepisos y techumbre, pues las dimensiones ya no son comunes en el marco.

Así también, los recursos donados en un principio se agotaron y a partir de 2001 a la fecha, todo el trabajo se ha financiado gracias a los visitantes, a quienes le tratan de ofrecer condiciones dignas. “Si se funde un foco y no viene el electricista, yo me subo y lo cambio, es un trabajo que, repito, hacemos todos los días”, agregó Bibiano Luna.